Cáp. 16
“De perros y palomas nubes que se comen trozos de un corazón roto”
Sabía porque lloró, sabia también que ella si sentía algo, supo de sus traumas familiares, y últimamente se enteró que nunca había besado. Los dos meses que vivió en su casa hicieron que la pálida confiara algo en él y se atreviera a decirle lo de sus vírgenes labios, tal vez para tentarlo o tal vez porque se le escapó, sea como fuere ahora el dark causó que el número de maravillosos sueños yellow que la pálida tenía mermara de 14 a 10, sabía cuatro de sus más profundos secretos y ahora las noches de la pálida se tornaron insoportables, extrañaba ansiosamente los sueños que ya no tenía.
Su pálida y hermosa cara presentaba ojeras y ahora se la veía más pálida todavía, el dark lo notaba porque se sabía de memoria el cadavérico rostro, se lo aprendió pintando las 238 acuarelas, todas en tonos amarillos o mostaza, algunas cafés. Podía dibujarla con los ojos cerrados en un carro en movimiento.
Cada domingo se veían, cada domingo era la misma cosa, una comida, charla ligera, risas, conversaciones de adultos aparentando pasarse bien, él buscando los ojos de su amada, ella escondiéndolos más de lo común.
Ya no llovía en julio, pero después de que las aguas no habían cesado desde noviembre, el terreno estaba tan húmedo que constantemente había un vapor emergiendo del suelo y de las paredes de todas las casas, de los techos, de los árboles, de los perros callejeros y de algunos pájaros; era realmente raro mirar un perro del que suba vapor, los pobres canes callejeros que no tenían donde esconderse todo el tiempo que llovió parecían ahora nubes con patas, inclusive de algunos mendigos, parecían fantasmas rodeados de un vapor espeso, daba un poco de miedo y era peor cuando nubes chiquitas pasaban volando rapidísimo tal vez alguna paloma también secándose rodeada de vapor.
Le gustaba al chico sombrío salir a ver las “nubes” vivientes todavía hacía el mismo recorrido a pie pasando por la tienda de antigüedades donde había cosas tan interesantes y luego al parque y a pasar por la hermosa y estrechísima calle de las palomas, tratando ahora de aclarar sus ideas porque percibía que perdía a la pálida y que debía hacer algo, caminando decidió que no podía perderla, caminando decidió hacer más por conquistarla, y sabía que lo que más ella quería en el mundo era una flor de loto, pero de donde iba a sacar él una de esas cosas, tenía que irse a la india a conseguirla, por eso decidió ahorrar para llevarle en un viaje místico a su anémica amada y que se sienta realizada al comprar en el mercado miles de flores de loto o las que necesitara.
Y en medio de esas sorprendentes ideas (tienes increíbles ideas cuando te enamoras estúpidamente de una chica pálida) la vio con el que sería su nuevo juguete, pasar en un hermoso auto clásico de brillante color oro, ella ni se dio cuenta, no lo vio, y de sus ojos subió vapor azul, se le quebró el corazón en 148 pedazos de 1x2 milímetros cuadrados, porque se notaba que no solo iba en el carro de un amigo, estaban incómodamente abrazados, se notaba que el brazo derecho del nuevo juguete estaba dormido porque casi se apaga el carro cuando no pudo meter segunda y la traicionera pálida tenía el adorable gesto que sus pequeños pero bien formados labios hacían cuando decía que no te quería pero tu no le creías porque la estabas abrazando. Traicionera sí, aunque no estaban oficialmente de novios, con todas las cosas que pasaron en los vertiginosos meses de mayo y junio cualquiera hubiera sentido que existía un compromiso, que eran más que amigos y se sentiría con derecho de reclamar al ver la escenita aquella.
Regresó a la casa totalmente triste, muerto por dentro con la angustia consumiéndole porque la perdía en sus narices y no podía hacer nada. Sus hermanas le preguntaron que le pasaba porque no podía disimular que ya no tenía entero el corazón. Cuando los vio algo crujió en su interior con un sonido como de la leña cuando empieza a quemarse, se regaron los pedazos de su corazón en la calle y no pudo recogerlos todos, apurado compró una fundita negra (para que no se viera que llevaba) en una tienda cercana pero hasta volver para recoger los trocitos un perro-nube tentado por los sangrientos pedazos se comió unos tres y una paloma nube se llevó dos para sus pichones, los mandó pateando pero ya era muy tarde.
-nada- dijo y se fue para su cuarto. La familia entera ahora se preocupó, las chismosas de las hermanas le dijeron a la mamá y al papá que algo le pasaba a su callado hijo. Él estaba encerrado en el cuarto sudando frío, tratando de componer el artefacto corporal roto que traía en la funda, y no abrió la puerta a nadie por 786 minutos, le quedó mal armado pero por lo menos latía.
Pero de que servía que latiera si la razón que había estado haciendo que latiera era ahora una razón que se alejaba y que dolía.
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