Cáp. 9
“De enfermarse, de lluvias que ya no son graciosas y de comer cosas saladas para declararse”
Enamorarse es en cierta manera enfermarse pues están implicados procesos no solo psicológicos sino también químicos.
Así que se puede decir que después de dos meses él estaba completamente “enfermo”, no pasaba semana en que por lo menos no hubiera hablado con la chica pálida o que hubieran salido.
Ella de acuerdo a su plan de venganza en parte, por su “amarillosidad” y por ese sentimiento que era lo más cercano a enamorarse que le surgió correspondía sus llamadas y aceptaba sus invitaciones.
En dos meses pasan muchas cosas, desde el viernes ese de noviembre llovía todos los días aun caían gotas de cola (un 18,35% era gaseosa), pero ya no era gracioso ni divertido, todo se puso pegajoso, los que se habían enriquecido con la sequía ahora quebraron, (los muy tontos habían fundamentado sus negocios en la venta de cola), muchas personas empobrecieron en esos dos meses, la gente ya no quería saber nada de ese liquido asqueroso, porque todo sabia a cola, los choclos crecieron rosados, y cada grano tenia gas, las coles las alverjas los porotos, las lechugas todo era rosa, todo era gaseoso, daba nausea.
La ropa olía a cola, solo el dark no sufría por aquello, en su nariz no había otro olor más que el de la chica pálida, incluso su ropa tenia ese aroma, cuando ella vertió sus lagrimas sobre el hombro de él, impregnó aparte de los pulmones también la ropa, y ese olor no se iba ni lavando, mas bien incluso se pegaba a las otras prendas de vestir que el tenía.
El sentimiento por ella crecía día a día, y no lo podía tener más adentro, decidió declararse, creía que con unos cuantos pequeños detalles que había hecho por ella entre noviembre y diciembre bastaría, que ya la había compensado.
La invitó un domingo a salir, la llevaría a comer algo muy salado, era lo más de clase en esos días pues todo tenía un saborcito dulce (por las lluvias), así que la sal se importaba y era carísima.
Encantada aceptó, era un lujo esa invitación, no podía rechazarla, además percibía las intenciones del dark.
Sus planes de venganza casi habían desaparecido, pero igual a ella lo que le gustaba era jugar con los sentimientos de la gente, por eso esperaba que el se declare para despreciarlo y darle luego esperanza, para ver hasta donde sería capaz de llegar por ganarse su amor.
En el fondo quería alguien que demostrara que realmente le amaba, pero su confusa manera de portarse hasta ahora le había hecho perder grandes oportunidades.
19 hombres se contaban como victimas pero el dark como lo iba a saber.
Del último se había enamorado pero, como siempre solo jugó con él y él la dejó ahora la odia a muerte; todos terminaban odiándola. Mientras vivió en la capital fue donde más victimas tuvo (18), cuando uno llegaba al barrio donde ella vivía se veían las paredes pintadas con graffiti llenas de leyendas ofensivas con el nombre de ella donde se cuestionaba la buena moral de su madre o la de ella misma. Desde que volvió todavía nadie había pintado nada en el barrio donde ahora vivía
El domingo salieron, él estaba muy nervioso, era la tercera vez que se iba a declarar a alguien, las dos anteriores veces no habían sido muy buenas experiencias, la primera vez que se declaró a alguien se sonrojó demasiado, sentía explotar la cara, le duró tres días el rubor en las mejillas, y lo peor es que no le aceptaron. La segunda vez en cambio tenía tanto miedo de decirlo que se le paralizó el dedo chico de la mano izquierda, aunque ahora ya no se sonrojó, era demasiado inocente para esas cosas, tampoco le aceptaron esa vez, siempre escogía mal de quien enamorarse.
Estaba lloviendo esa noche, y casi atropella a un perro por estar distraído, pensando en que decir y como decirlo, le tenía un enorme ramo de rosas amarillas y floripondios, ella le dijo que esas eran sus flores favoritas, claro si las usaba para sus menjurjes para el pelo, pero también le dijo que alguna vez le gustaría recibir una flor de loto.
Se bajo para timbrar y había un graffiti en la pared de la casa de la pálida recién pintado que decía “maldita cara de muerta hija de p...” y él no le prestó la más mínima atención, ni siquiera supuso que se refería a ella. El último de sus victimas, el numero 19, lo había pintado luego de enterarse de que ella ya tenía ahora un nuevo juguete.
Su nariz ya no sangraba cuando se veían pero el aroma seguía causando estragos en él, le causaba una tos seca.
Le dio el enorme ramo de flores, y ella muy emocionada le abrazó y luego fue a guardarlo en el ático donde tenía kilos y kilos de esas plantas.
Subió al carro, conversaron de cualquier cosa, de vez en cuando él tosía secamente, la llevo a cenar, pidieron ensalada de verduras saladas y para tomar un vaso de agua de mar (como pedir un vino de 1882.
Y luego del salado y costoso manjar fueron a dar vueltas en el carro, el no se animaba a soltar la lengua pero aquel sentimiento tenía que salir, si no lo decía iba a explotar.
La tos se le hizo más seca después de tanta sal, ella quería que ya se abra, le dio un empujoncito al preguntarle - ¿tienes algo que decirme?.
Él creía que ella ya suponía sus sentimientos y que aparte le correspondía, y eso le dio un poco de seguridad, por eso no se sonrojó tres días ni se le paralizó el dedo chiquito de la mano izquierda cuando le dijo poéticamente en el carro mientras conducía tal como lo había planeado, por semanas, que la amaba.
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