15 de julio de 2009

Cáp. 11 “De poemas, de preguntas, del hielo más frío”

Cáp. 11

“De poemas, de preguntas, del hielo más frío”


Se puso sus discos viejos de 45 rpm estaba muy triste, la mayoría de veces cuando uno se deprime quiere deprimirse más, para poder llorar y entonces darte contra las paredes, si no les ha pasado es porque probablemente no han jugado con sus corazones haciéndolos esperar sin una clara esperanza sobre la cual mantenerse, “la expectativa pospuesta enferma el corazón”.
La siguiente vez que hablaron sobre el asunto fue después de dos meses y dieciséis días él estaba decidido a volver a preguntar, esperaba que la acuarela hubiera hecho efecto, y que ella se hubiera sensibilizado, no entendía porque a veces era tan dulce, como una niña y otras veces tan despiadada e irónica, tan caprichosa...
Tenía una nueva arma, un bonito verso cursi para darle, escrito con pluma en un pedazo de pergamino dorado que decía:

Ojos mieles, inocencia
retrato de pálida esencia
encanto hipnótico, inteligencia
tu pelo huele a flores

Evoco estas cosas
si pienso en tu nombre

En amarillo, tal vez traviesa
dulce niña a veces violenta
estilizada, delicada
sea una flor de perfume mortal

Evoco estas cosas
si pienso en tu nombre

En realidad el poema no era tan cursi, reflejaba bastante bien lo que era la chica pálida, parecía un diagnostico psicológico de personalidad, porque incluso hablaba de lo yellow que era.
Se lo dio y ella estaba vez no estaba agresiva, lo leyó en silencio frente a él y luego le confesó que nadie nunca le había dado algo semejante.
Él se animó a preguntar, y ella ahora tenía otra estrategia para vengarse y para no decir lo que sentía dándole a la vez esperanza en pequeñas gotas para no perder su juguetito le dijo que no tenia cabeza para pensar en eso ahora, que quería dedicarse al colegio y a sus estudios, pero el gesto de sus labios en ese momento era tan adorable que él solo tenía en su mente el robarle un beso y lo hubiera hecho si hubiera sabido como hacerlo, no escuchó el pretexto que le ponía la pálida, hubiera sido una buena manera de callarla, ya estaba empezando a cansar con su arrogancia al alabarse ella misma diciéndole lo buena estudiante que era y que no podía darse el lujo de distraerse de sus estudios por cosas tan insignificantes.
La interrumpió – dime ¿en realidad sientes algo por mí?- solía hacer eso, no sé si a veces llamarlo un defecto o una virtud el de preguntar tan directamente las cosas, tan de pronto.
Ella se quedó fría, se le borró toda arrogancia y sus palabras se cortaron en seco, para ella aclarar sus sentimientos era contar un secreto y era algo que no podía hacer
-¿qué?-es lo único que supo responder
Le dijo el dark calmadamente -quiero saber si sientes algo de una vez o sino para dejar de importunarte y para que no me estés dando excusas simples y repetidas- (por eso es que a veces pienso que es un defecto porque no tenía tacto, era demasiado sincero) oyendo aquello se quedo aun más fría, tanto que sus pequeños y bien formados labios se pusieron morados parecía muerta, la mas bella muerta.
- ¡no tienes derecho a preguntar eso!- apareció la violencia de la que él hablaba en su poema, era su manera de librarse.
- tal vez no pero creo que es mejor para ambos que sepamos esto- tenía razón pero ella no podía aceptar aquello era muy cerrada, ahora si se quedó helada en su pelo se formaron copos de nieve que brillaban como pequeños diamantes.
Y lloró (la tercera vez en seis meses) podríamos decir que era su mecanismo de autodestrucción, toda arma mortal secreta tiene uno, por si acaso cae en manos enemigas, cuando quieres desarmarla para descubrir sus secretos, explota para protegerse.
Tan fría se quedó que sus fragantes lagrimas caían como diminutos cubitos de hielo y hasta allí llego la preguntadera, el dark otra vez se sintió culpable de hacerla llorar (la segunda vez en seis meses) y claro, la abrazó de nuevo pidiéndole perdón y prometiéndole no presionarla de nuevo. Palabras que fueron un alivio para ella pues si él la empujaba un poco más hubiera terminado sabiendo que ella si sentía algo.
Ese incidente sentó un precedente de miedo para el dark ahora ya no sería capaz de presionarla para que ella le diga sus verdaderos sentimientos.
A veces tengo pena de ella, si quería ser el centro de todo y que alguien sea su esclavo para complacerla hubiera aceptado ser la rosa amarilla caída de la luna y el dark hubiera sido el idiota ideal, pero luego estaba su miedo a contar los secretos, y eso se estaba volviendo “cálculos en su riñón” aparecían su inseguridad y sus traumas, no podía querer a nadie libremente.
Por eso se puso sus discos viejos, para llorar porque sabía que ella le quería y sabía que había algo muy fuerte que le impedía aceptarlo, pero no le constaba. La pálida sabía muy bien como dejarle confundido, y esa incertidumbre le carcomía le enfurecía le subían miles de lagrimitas del corazón primero por la garganta y luego al pasar por su nariz le hacían cosquillas y en sus ojos se secaban por la energía, electricidad o lo que diablos sea que tuviera, se sentía como el niño al que prometen llevar al circo pero que nunca llevan, sabe que sus papás en realidad quieren llevarlo, pero nunca hay tiempo... nunca, y el niño todos los días mira la carpa cuando viene de la escuela con ojos ansiosos solo esperando a que llegue el día de visitarla de la mano de sus progenitores porque el no puede ir solo.
Se quedó dormido con la triste música encendida, sobre la cama que olía como la pálida, en una almohada húmeda de lagrimas y del hielo derretido que se le pegó del cabello que huele a flores al abrazarla, hielo de sorpresa, hielo de una fría situación, hielo producido por palabras, el hielo más frío: hielo de mujer.

1 comentario:

  1. buenisimo me encanto como describes la atmosfera circundante. saludos!

    nicole soto-aguilar.

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